jugando

la donna è mobile me ha propuesto un juego literario para esta noche, cercano al alarde y al exhibicionismo. una narración, del tipo y extensión que se quiera, a partir de una frase dada. esperemos que haya terminado su versión antes del amanecer (para leerla pulsar el primer link), de lo contrario tendré que quejarme. no escribí esto contrarreloj para que ahora te lo tomes con calma, donna.

la frase matriz es la primera, la que está en negrita. disculpad el resto:

Toda su vida había pensado que lo mejor estaba por llegar. Tantas penurias y tragedias soportó estoicamente amparado en el desenlace final, la conclusión feliz que le redimiría por completo de aquella vida de perros. Demasiado esperar…

Y sin embargo nunca había pensado qué podría ser exactamente el golpe de efecto, el camino bifurcado que le condujese a la alegría. Quizás lo tuvo en sus narices, quizás ya lo vivió y no supo darse cuenta. ¿Tan lejos tenía puesta la mirada que no vió que su gran día, aquel por el que todo valdría la pena, ya había pasado de largo?

No, no, uno se da cuenta de esas cosas. No son, claro está, finales cinematográficos de impecable factura, ni dioses sobre una maquina solucionando problemas, pero son, de eso estaba seguro, lo suficientemente notables para alterar una vida, un trayecto. El suyo, su momento, no había llegado, no.

Aunque… ¿y se escapó entre sutilezas? Cualquiera podría decirle que aquella noche que conoció a V. fue su gran momento, y en cierto sentido tendría razón.  Él podría objetar que apenas lo recuerda, que poca o ninguna atención le presto en ese instante, pero los acontecimientos posteriores hablan por sí solos. Su vida, la que él conoce y de la que se queja diariamente, ha sido como fue por ella, y si hubo una decisión que condicionase su existencia fue aquella. ¿Fue aquella calurosa noche de agosto la Noche, aquel día el gran Día?  

No, no, no es eso. No se puede discutir la importancia de V., cómo iba él a hacer algo semejante. Y quizás, bien mirado, aquella fue la noche decisiva… pero no, no es eso. Se trata de hallar el hecho extraordinario, el resorte instantáneo a la felicidad. No es una feliz boda ni un matrimonio relativamente sincero… no es eso.

Se acabó el tiempo, ya es la hora. En televisión las bolas giran y una hermosa chica, que ha vendido su sonrisa más veces de las que podría confesar, saca el ocho. Después un nueve, un dos, un cero, un siete y otro ocho… nada, ni una. Mañana volverá a la esquina y el ciego cruel, sarcástico porque conoce sus inquietudes (no muestres tus secretos porque habrá quien termine usándolos en tu contra) le repetirá, con la sarna del perro: “no fue ayer, no fue ayer”.

Rompe el boleto y apaga la tele. Un día más.

[@more@]



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