eterno retorno

La idea de decadencia no les preocuparía tanto si no tradujese en términos de historia su gran debilidad por la nada, su obsesión por el esqueleto. No es nada asombroso que para cada uno de ellos el país sea su problema. Leyendo a Ganivet, Unamuno u Ortega, uno advierte que para ellos, España es una paradoja que les atañe íntimamente y que no logran reducir a una fórmula racional. Vuelven siempre sobre ella, fascinados por la atracción de lo insoluble que representa. No pudiendo resolverla por el análisis, meditan sobre Don Quijote, en el que la paradoja es todavía más insoluble, porque es símbolo…

Uno no se imagina a un Valéry o a un Proust meditando sobre Francia para descubrirse a sí mismos: país realizado, sin rupturas graves que soliciten inquietud, país no-trágico, no es un caso: al haber triunfado, al haber cumplido su suerte, ¿cómo podría ser aún «interesante»?

de La tentación de existir, emile cioran

parece que la visión que de españa tiene cioran no es tan enloquecedora y teatral como pudiera parecer y esconde alguna verdad. en efecto, como le dije a clyris una vez -mientras escuchabamos un manido argumento gallego pro-gallego-, esta manía (en su sentido más griego: locura) por desentrañar la esencia del pais y sus naciones comienza a aburrirme. supongo que aquellos que se sienten en el escalón inferior de la pirámide no cerrarán el tema jamás, y las inmemoriales quejas y especulaciones de aquellas-zonas-que-hay-en-españa-pero-que-no-son-españa serán discusión diaria por los siglos de los siglos. me parece bien, pero por mi parte abandono el tema, ya no me interesa. que sea españa lo que quiera que sea, yo sólo vivo aquí.

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