la otra

Antes de quedarse dormido Pelletier había sacado algunas conclusiones: Vanessa estaba perfectamente preparada, tanto anímica como físicamente, para vivir en la Edad Media. Para ella el concepto «vida moderna» no tenía sentido. Confiaba mucho más en lo que veía que en los medios de comunicación. Era desconfiada y valiente, aunque su valor, contradictoriamente, la hacía confiar, por ejemplo, en un camarero, un revisor de tren, una colega en apuros, los cuales casi siempre traicionaban o defraudaban la confianza depositada en ellos. Estas traiciones la ponían fuera de sí y podían llevarla a situaciones de violencia impensables. También era rencorosa y se jactaba de decir las cosas a la cara, sin tapujos. Se consideraba a sí misma una mujer libre y tenía respuestas para todo. Lo que no entendía no le interesaba. No pensaba en el futuro, ni siquiera en el futuro de su hijo, sino en el presente, un presente perpetuo. Era bonita pero no se consideraba bonita. Más de la mitad de sus amigos eran inmigrantes magrebíes pero ella, que no llegó a votar jamás a Le Pen, veía en la inmigración un peligro para Francia.

–A las putas –le dijo Espinoza la noche en que Pelletier le habló de Vanessa– hay que follárselas, no servirles de psicoanalista.

de 2666, de roberto bolaño

***

me ha resultado curiosa la exactitud con la que bolaño ha descrito el carácter de una amiga mía. cualquiera diría que la conoce: tan preciso ha sido.

sólo agregar que mi amiga ni es puta ni se llama vanessa; la vanessa que yo conozco no es así, ni mucho menos, es tan diferente…

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